El trabajo grupal con equipos se solicita a menudo por la razón equivocada: para resolver un problema que lleva años sin retiros de coaching de equipos abordarse o para compensar una decisión de dirección mal comunicada. En esos casos no funciona.
Donde sí funciona es cuando hay voluntad real de cambio y un objetivo definido: mejorar la coordinación, clarificar roles tras un cambio organizativo, reconstruir confianza o acompañar a un equipo que crece.
El formato importa más de lo que parece. Trabajar en la oficina funciona para lo concreto; salir del entorno habitual abre conversaciones que dentro no se producen.
Y una condición imprescindible: que la persona responsable del equipo esté dentro. Un trabajo grupal sin quien lidera comunica justo lo opuesto a lo que se pretende.
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